Los sellos terapéuticos de Arnaldo de Vilanova

En el siglo XIII la personalidad del aragonés Arnaldo de Vilanova domina el ambiente europeo. Fue diplomático, alquimista, filósofo y famosísimo médico. Su formación fue estricta, estudió en las Universidades de mayor prestigio en su época. En Montpellier, alcanzó el título de Magister en Medicina (1260) y posteriormente (1260) amplió su estudios médicos en Nápoles. Desem-peñó una cátedra en Montpellier donde llegó a ser rector. No obstante, utilizó métodos que se pueden considerar como supersticiosos. Así, curó a Bonifacio VIII el cálculo biliar que padecía, mediante un sello en forma de león. También, escribió un tratado sobre sellos y amuletos. Por ello, fue acusado de superstición por sus enemigos que también le acusaron de recurrir al influjo de los astros, usar mixturas exóticas, aplicar prácticas hipnóticas y comerciar habitualmente con el diablo. A esto res-pondía Arnaldo: “El ascendiente del médico sobre el paciente es algo pri-mordial, figura entre los principales facto-res de curación y no se debe descuidar ninguno”.
En la figura se muestra un sello diseñado por Arnaldo de acuerdo con los conceptos alquímicos entonces vigentes. Presenta una montaña en cuya ladera frontal están los símbolos del fuego y del agua; la pareja de opuestos, cuyo concepto ya se encuentra en las tradi-ciones indostánicas (Jung) donde consti-tuyen un yantra, símbolo de la unión de Shiva y Sahakti, personificación de lo masculino y lo femenino. Este criterio también se encuentra en la obra de Aristóteles quien admite la existencia de dos exhalaciones opuestas. La montaña simboliza el horno alquímico que ha de realizar la unión de los opuestos para obtener el cuerpo doble, la GRAN OBRA, en este caso bajo el aspecto de “panacea universal”, la medicina para curar todas las enfermedades. La consecución de este proceso de unir los opuestos se representa con el símbolo de la conocida estrella de Salomón: , que aparece en la parte superior entre nubes de triunfo.
Posteriormente, Paracelso imitó el método de los sellos, dibujándolos sobre chapas metálicas y extendiendo su apli-cación a los temas más diversos: para la salud de los caballos, para obtener y conservar rebaños, para protegerse con-tra las moscas. También se le acusó de superstición a lo que aduce que: “Dios que habita en los cielos, es capaz tam-bién de inducir y conferir las virtudes operativas de este metal así preparado”. En igual situación Arnaldo se limita a atestiguar que sus sellos son eficaces, sin explicar el origen de su acción. Lo que sí es presumible es que nuestro compatriota, de alguna manera, intuye que la sugestión determina un efecto positivo para la curación del enfermo.

Dr. Jesús Osácar

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