Jacinto Benavente. El artista que desnuda el alma humana

De una manera muy discreta se está celebrando en España el cincuentenario del fallecimiento de Jacinto Benavente (Madrid, 1866–1954), premio Nobel de literatura en 1922.
Este autor, que publicó un número ingente de artículos en la prensa diaria –en mi último estudio he recogido 558 títulos–, y que estrenó 133 piezas teatrales, hubiera pasado igualmente a la Historia del teatro si únicamente hubiera escrito Los intereses creados (1907) y La Malquerida (1913), sus obras maestras. Ambas rompían los esquemas de su teatro habitual y, por ello, su autor no tenía claro, cuando las compuso, si iban a ser bien acogidas por su público más acostumbrado a temas elegantes, con personajes de doble moral, vestidos de etiqueta.
Por su argumento, el drama rural de La Malquerida produjo un mayor impacto, debido también a la excepcionalidad interpretativa de María Guerrero que representó el papel protagonista de una mujer, Raimunda, que, al estar profundamente enamorada de su segundo marido, no se da cuenta del amor existente entre éste y su propia hija.
El mismo Fernando Díaz de Mendoza, esposo de la Guerrero, protagonista masculino, advirtió del riesgo de esta obra, por su crudeza y dramatismo, pero el viernes 12 de diciembre de 1913 se estrenó, en el Teatro de la Princesa, con tal éxito que todo el público, al caer el telón, puesto en pie aplaudió y lanzó vivas a autor y actores, durante veinte minutos.
Felicitaron a Benavente, entre otros políticos y personajes importantes de la vida social y artística, el presidente Eduardo Dato y el ministro de la Gobernación, José Sánchez Guerra. El primero le comunicó que en el consejo de ministros, celebrado esa misma mañana, se había concedido el indulto a Lacambra, maestro de escuela, inocente, al parecer, del delito por el que se le había condenado, y por cuyo perdón habían firmado, junto a Benavente, los artistas Bretón, Benlliure y Zuloaga.
En el mismo momento en que Dato le transmitió la decisión gubernamental, Benavente le respondió: –Lo que Usted me dice me satisface más que los aplausos de esta noche.
La Malquerida, con raíces en la tragedia griega, saltó fronteras y fue traducida a doce idiomas y representada en teatros de toda Europa y América –como sucedió con Los intereses creados–. Por ejemplo, en EE.UU., se estrenó en 1920 con el título The passion flower, en 1923 llevaba setecientas cincuenta representaciones en distintos estados; sólo en el Belmont Theater de Nueva York, alcanzó las doscientas ochenta funciones. En 1921, Herbert Brenon la llevó al cine, con el mismo título, protagonizada por Norma Talmadge.
Recordemos que, de la obra teatral de don Jacinto, se rodaron veintiuna películas, algunas en el seno de su productora Films Benavente, que tenía a Benito Perojo como principal director.
Basadas en La Malquerida, se estrenaron tres películas en español. En ellas, se entona la copla tan popular:
El que quiera a la del Soto,
tié pena de la vida.
Por quererla quien la quiere
le dicen la Malquerida.
María Isabel Yagüe

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