Paseos por el pensamiento

La energía espiritual va respondiendo a las expectativas del momento. Física y metafísica avanzan unidas por el sendero de la unificación de los criterios universales. Los códigos ya están en marcha. Las puertas se abrirán nuevamente y la comunicación volverá a ser fluida para los calificados “maestros”. Y esa corriente tan elevada, esa vibración tan espiritual ya ha conectado con esta Tierra. Muchos la sentirán. Otros avanzarán con ella. Otros serán sus mensajeros. Y muchos, muchos más, quedarán postergados a su magnificencia. La Voz ya ha hablado. La Luz ya asciende por el horizonte. El Silencio ya descubre su Sabiduría

Y la composición más auténtica de una realidad intangible es la templanza, el silencio, no la indagación de su fuerza, porque el alma necesita respirar, estar en calma, en la profundidad necesaria para liberar su contaminación y poder esclarecer el mínimo conocimiento de lo que es capaz. No hay más, simplemente escuchar el silencio. La perforación mental a través de la inteligencia racional complica y destruye las mínimas evidencias espirituales del Universo.
Fuerzas vivas que mantienen el poder del Amor nos someten a encrucijadas permanentes, de las que no comprendemos ni entendemos, porque lo planificamos bajo la conducta intelectual, la racionalidad, y no permitimos al Espíritu libre que sienta con placer el maravilloso Universo donde ha nacido y donde resucita cada vez que nuestro cuerpo invade la muerte.

El humanismo siempre triunfa, es cuestión de tiempo, a veces de épocas, pero la parte más sutil humana siempre despierta ante la barbarie, ambiciones y demás despropósitos humanos, ya que ponen en evidencia el poder del Espíritu Universal. Ante ello, la humanidad despierta, aunque levemente, de la oscuridad e intenta reducir a sus trasmisores. La profundidad del alma, emisaria del Espíritu, siempre vive alerta a su propia resistencia y al abandono de las cadenas que le impiden vivir con su luz.

Trascender al silencio es como estar a la vera de un río escuchando a un hombre sabio, alquimista del alma, esbozar un poema sobre la conducta racional tendente a llegar a ser espiritual, que por ser a mi soledad a quien retomo su conciencia, derrocho hambre de amor en estos párrafos que quizás necesite escuchar o permitir que susurren en mi alma. La energía cerebral no permite estar en calma, en simbiosis con la serenidad del alma.

ÁNGEL SANZ GOENA
http://www.colordelalma.com

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